Manuel y Maruja
González
Mi última noche de
Reyes
Empieza este cuento como empezara
aquel famoso de Pedro de Alarcón. “Hace muchos años, ¿bueno,
tantos como que yo tenía siete!”
- Lo recuerdo como si fuera ahora
mismo – Aquella tarde había terminado mis juegos antes de costumbre. No sé el
motivo pero todo el día lo había pasado muy nervioso, bueno, si sabía el por
qué.
Aquella noche, era la “Noche de
Reyes” y eso me hacía vibrar. Mi madre me lo notó. Yo hacía preguntas. Tenía
mis dudas. Trataba de no hacerme ideas, ni hacer caso a lo que los demás chicos
más mayores me habían contado.
Y es que ya tenía mal concepto de
la gente. Por cierto que de mayor lo sigo teniendo. La humanidad miente mucho.
No obstante, como digo, aquella tarde tenía mis dudas. Eran muchas
casualidades, tantos paquetes, los bazares que estaban tan llenos, los millares
de papeles multicolores que pasaban por mi vista, y aquellos caballotes de
cartón, que por muy envueltos que venían, no se podían disimular. ¡Eran muchas
novedades para mi imaginación!
No sé, con mis dudas y todo, seguí
luchando entre la verdad y la mentira.
Más tarde, y siguiendo los
consejos de mi madre, aquella noche yo me acostaría temprano – como todos los
niños – pues si no, los reyes no vendrían.
- Antes os diré, que dejé mi
alpargata en la ventana. ¿Sí… mi alpargata!
Yo era un niño pobre de los de
antes, y estos niños no gastábamos zapatos. No dormí, creo que no dormí en toda
la noche, si alguna vez me quedé traspuesto, fue para
soñar.
¡Soñaba ya la madrugada, con
aquella carretilla de madera y el fusil de hojalata con la culata colorada!
No sé cuanto tiempo había pasado,
pero bien recuerdo que un golpe me hizo que abriera los ojos en la oscuridad.
¡Fue un ruido, y no de camellos! Algo se cayó, luego voces, mi corto
entendimiento, por un momento creyó que sería mi Rey, pero luego comprendí que
era otro Rey.
¿Bien conocí su voz! Mi madre hizo
una exclamación ¿Oh! Es la luna que se ha roto. Pero
¿de qué luna hablaban? Vueltas y más vueltas, sueños interrumpidos con los que
tenían que venir de Oriente. Más voces, ahora es mi hermano que habla, creo que
soñaba.
Su voz aclaró más mis dudas.
Escuché estas palabras: - ¡Para mí ya no hay Reyes, lo ha dicho papá! ¡Yo ya
soy grande!
La madrugada puso punto final para
aquella noche de pesadillas. Tan pronto como se hizo de día salté de la cama.
¡Todo estaba aclarado! ¡Yo ya soy
grande!
La madrugada puso punto final para
aquella noche de pesadillas. Tan pronto como se hizo de día salté de la cama.
¡Todo estaba aclarado! ¡Yo también
era grande!
El costurero de mi hermana con el
espejo roto, fue quien le dio la última puñalada a mi niñez.
Sí… es verdad, allí estaba mi
fusil y mi carretilla. Creo que el Rey fue hasta generoso aquel día, pues me
dejó algo más que lo que yo le pedí.
Lo tomé todo con un llanto
nervioso, que sólo yo sabía de qué era. Mis padres, ¡qué poco conocieron aquel
día la psicología del niño! ya que yo no lloraba con ese llanto propio que da
la emoción. Si no por comprender para siempre, que aquella noche era para mí
“La última Noche de Reyes”.
Con cariño,
Manuel y Maruja
González
“La pompa de jabón”, óleo de Edouard
Manet, pintor impresionista 1832-1883