E D I T O R I A L
Empiezo hoy, un hoy que casi se está
terminando, pues son las 22 h. 10 de la noche, una noche oscura ya pero
caliente. Dentro de la casa, no se baja de los 30 grados. Tengo el ventilador
puesto, un ventilador nuevo que he comprado este año. Me está acariciando
agradablemente la espalda y la nuca.
La historia de los cernícalos continúa.
Este año llegaron en abril. Y como siempre, una pareja sigue anidando en la
fachada del edificio donde vivo, justo debajo de mi cocina. Vi el primer huevo el 23 de abril 2011; tomé nota del evento y
de la fecha. El huevo era hermoso, marrón moteado y se me figuró bastante
grueso, más voluminoso que los del año pasado. Esta vez los padres de la futura
criatura estaban muy enamorados. Los veía siempre juntos y haciéndose mil
amores; unos amores que de parte del macho me parecían crueles a veces:
picoteando y metiéndose encima de la hembra con todo su peso, haciéndola gritar
de dolor. Se quedaron juntos para criar a sus hijitos; desmintiendo lo que me
dijeron el primer año que estos pájaros aparecieron, cuando pregunté por qué no
se veía nunca al macho. Me dijeron que ellos eran así, que una vez encinta, la
hembra se quedaba sola, abandonada por su compañero, para cuidar a su prole.
Ese día, 23 de abril, llovía a
cántaros. Tuvimos una primavera pasada por agua, y el invierno que la precedía
también. Vi a la hembra inflada, con las plumas erizadas y me dio pena. Con
tanta lluvia, temía que se muriera, pero no, por la tarde la volví a ver.
Estaba con el macho y ya no tenía las plumas erizadas, pero seguía inflada y su
aspecto no era muy bueno.
Siguieron unos días sin ver a la
pareja, pero, sí, a la lluvia, que no paraba. Me preocupaba su supervivencia
con tanta agua y temía que el huevo se dejara a perder. Sin embargo, el 30 de
abril, lo he apuntado, quise asegurarme de que el huevo seguía en su sitio y me
asomé a la ventana. No quisiera haberlo hecho, la madre se llevó
un susto tremendo
, y esto que me daba la
espalda, no sé cómo se dio cuenta. Se fue volando y temí no volver a verla.
Pero volvió, claro que volvió, y se
deshinchó, porque lo que tenía en el vientre eran huevos, muchos huevos, no sé
cuantos. Ya no me atrevía a indagar. No quería que se fueran. La calle es un
pasadizo y los que viven en los edificios de enfrente pueden ver a los pájaros
sin molestarlos todas las veces que quieran... Y yo ni siquiera me atreví a
fotografiarlos esta vez. Miento, hice tres fotos, las voy a poner, a ver cómo
han quedado.

El padre haciendo la guarda antes de la
puesta
El macho, se reconoce porque tiene la
cabeza azul ceniza. Esta foto, debí tomarla al principio de abril, cuando
aparecieron. Era la primera vez que veía un macho cernícalo al natural, y tan
cerca. Está posado en el punto de guarda, a la entrada del pasadizo. Es
adorable, verdad, no me extraña que la hembra lo quisiera tanto a pesar de su
maltrato. A veces parecía que se la iba a comer.

Finalmente, me he atrevido y he
conseguido fotografiar dos pequeñuelos el 23 de junio. Ya están grandecitos y pronto van a emprender
el vuelo. Algunos a lo mejor ya lo han hecho. Debía de haber por lo menos tres,
y creo que más : cuatro o cinco. Me miran sin miedo. No se asustan como la madre.
El verano ha pasado, con su tremendo
calor; ahora hace una temperatura agradable, más propicia para trabajar.
Ya he cumplido los 75 años. Espero
vivir muchos años más, pero estoy conciente que, a mi edad, hay que ir con
mucho cuidado con la salud, porque un soplo desgraciado se nos puede llevar el
día menos pensado y, ¿Dios sabe donde? ... Así que hay que darse prisa para
sacar todo lo que queremos sacar de nosotros mismos que nos parece bueno para
el conocimiento de los demás. Tengo una novela corta que empecé a escribir a
los 30 años, al principio de mi vida en el Camping La Habana. Primero, la escribí en
francés, que es mi idioma materno, a la luz de las velas, pues no teníamos
electricidad, y sin diccionario. Cómo que soy y siempre he sido perfeccionista
y poco segura de mi misma, pedía a la gente de lengua gala, que pasaba por el
Camping, que leyera lo que había escrito y me lo corrigiera, principalmente la
ortografía, que el francés es una lengua muy difícil para escribir, si hubiera
necesidad. Y así, poquito a poco, en las veladas de invierno, después del
trabajo que no faltaba cada día, se iba elaborando la novela. Es una novela
difícil de clasificar : amor, espiritualidad, ciencia ficción ... En fin que no
pude publicarla por diferentes causas : ser mujer, no tener recursos económicos
y ser madre de cinco hijos. Dependía completamente de mi marido, a quien no le
hacía ninguna gracia mi dedicación a la escritura. Decía que en la difícil situación en que nos encontrábamos, había
cosas mucho más importantes en que pensar; y tenía razón.
Total que mi manuscrito empezó a salir
a la luz después de yo cumplir los cincuenta años, haberlo traducido al
español; y haberlo convertido en un librito rudimentario, elaborado e impreso
por yo misma. Hice el depósito legal por si alguien quiere buscarlo en las bibliotecas
(allí estará el libro completo) es : MA-1358-92 ; comprometiéndome a sacar 100
ejemplares que, teniéndolos que hacer uno por uno, su confección duró un tiempo
bastante largo. Todos los ejemplares fueron regalados en su tiempo y no sé por
dónde andarán. Espero hayan tenido la suerte de ser leídos. Obtuvo el premio de LIBROS del Sindicato
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Nacional de Escritores Españoles, en
1997, cuando estaba dirigido por Emilio Zamanillo, q. e. p. d.. Alguien me dijo
tenerlo sobre su mesita de noche, lo que me estimuló. Ahora estoy pensando que
lo mejor es transcribir la novela, página por página , distribuirla en diferentes
números de la revista AIR; y voy a empezar con esté número.
Un abrazo muy cordial para todos, y,
por favor, no me olviden...
Mariette

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