Poeta de Mozambique
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Florindo Martins Mudender
Versos en Harapos
– cuarta parte –
La primera parte de este manuscrito está en el número 2 de la Colección POESÍA del Sindicato Nacional de Escritores Españoles
La segunda, en el número 18 de AIR
La tercera, en el número 19 de AIR
Y la estela del sonido resuena suspendido en el aire un tiempo después de callada la última nota El sonido suspendido a lo largo del callejón estrecho y sombrío acompaña al trasnochador
Y el alboroto que deja el viento por la ventana abierta
Y el aroma de las amapolas y mientras arrecia la lluvia una voz lánguida entona una canción
El reflejo de luces lejanas sobre el asfalto La yema de tus dedos
El sol fuerte
La evocación de la dicha
El grito ahogado
Los labios secos y los párpados apretados
La voz ronca que vuelve al canto
La tierra movediza y la tierra anhelante
Hay el prodigio de una rosa que florece
Hay la serenidad de un alba que antecede al bullicio
Hay la verja que circunda al patio
Hay el espacio que se extiende más allá de la verja
Hay el universo y el corazón que cíclicamente se expanden y se contraen
Y habrá un alba transparente para la noche lluviosa y negra
Los cafés abiertos en las terrazas junto al paseo de los transeúntes y el hombre que acometió una obra grandiosa y el hombre cuya sombra que cruza de un extremo a otro la plaza bajo la niebla espesa y amarilla
Y el hombre taciturno que se sienta en la terraza de estrechas calles adoquinadas
Y el vendedor de la lotería
Los sucesos alejados en el tiempo pero que se evocan en un instante
Hay una réplica de Durero en la pared
Hay las patas labradas de la mesa de caoba
Hay un florero de plata y otro de barro quemado
Hay un número y una aldaba en el cedro de la puerta
Hay el olor a azahar en determinados trozos de la calle
continuará