Poeta argentina de hoy afincada en Málaga, España
Zaida de Castelán
Alegoría
Vino la tarde con el temblor de un beso
y se instaló un rato en sus mejillas,
y fue sólo una mansa fierecilla
que se escapó con el afán de un preso.
En un rincón del alma quedó impreso
en verdadera y octava maravilla
- algo así – como suave seguidilla
que acaricia un sutil embeleso.
Todo fue deprisa, igual al viento
- en el silencio de un fulgor de estrella –
y la noche cubriendo el firmamento.
El cielo entero se azuló de brumas,
surgió una bella musa entre la espuma
que, al alba, se transformó en doncella.