Poeta de hoy en Maputo, Mozambique
Florindo M. Mudender
Versos en Harapos
(de su manuscrito del mismo nombre)
Un grabado de Durero
El río estrecho en las hendiduras de los barrancos
El borde irregular de una calle
El borde irregular de mí mismo
La sombra: mi sombra que a veces se diluye en la tuya
Las cenizas
La moneda de cobre y la otra de plata
Los desenlaces que la memoria va urdiendo
El lomo gravado de los libros
La piedra de rodeno
La cenefa en el borde del muro
Los abalorios y cualquier cosa provisional:
una lámpara encendida
Aquello que perdura en los espejos
Los nombres y las formas de seres misteriosos y consagrados en las mitologías
Lo que disgrega las multitudes y aquello que las une
Lo que me acerca a ti
Hay la toga de un doctorado y el ribete de oro
Hay los encajes en ciertas prendas
Hay un cauce por donde discurre lentamente la multitud
Hay en medio de la multitud que discurre un río imaginario
Hay el recuerdo de una rosa
Hay un naipe y el acero de una navaja
Hay una columna circular de capitel labrado
Hay un eco y las sucesivas réplicas de ese eco
Hay las íntimas franjas de luz y de sombra
en la piel de la cebra
El insomnio y el acecho del alba... aprisa...! hacia allá y
hacia acá Hacia ESTO y hacia AQUELLO Ya alumbra
el cielo antes de que se vea el sol Ya comienza aprisa
la mañana de un día que será tórrido y de largo peregrinaje
El indicio de cualquier cosa Las formas cambiantes
Los cuerpos móviles Las minucias...
Allí se extiende la colina arenosa Las hendiduras
y los costados excesivamente alumbrados
La blancura de la arena La palidez de los rostros
La piel ceniza Las crestas de las rocas y las hendiduras
entre las rocas El horizonte La inmensidad
La blanca turbidez del horizonte La sombra El crepúsculo
El hastío La agonía La nada
Aprisa...
La leña y el fuego el bocado de agua en el cuenco de la mano
En algún lugar tal vez llueve y se arrastra perezoso en medio
de la arena el cauce amarillo...
El aire abrasador y cargado de polvo El aire trémulo y el sol
a la derecha Los atajos intrincados en inciertos Los destinos
inesperados Los puntos de salida y solo de eso
La señal y el signo de cualquier cosa: ...desde aquí nada se ve
y de allí todo es visible... nada hay alrededor sino solo
una luminosa blancura Nada sino solo una incandescente
blancura...
Cualquier indicio: las cenizas todavía calientes que denotan
acompañamientos recientes... Restos de vasijas de barro
Los bultos y las sombras que se desplazan en medio de las tinieblas
en medio de la nada
Hay un endecasílabo donde perdura una memorable sentencia
Hay el instante en que irrumpe la luz y tiemblan los parpados
Hay el instante en que resuena la voz
Hay el instante en que se tiene la nítida visión
de ESTO y de AQUELLO
Hay el resto del tiempo fuera del instante precedente
Hay el instante en que la vida es lenta y amodorrada
Hay el instante en que el intenso sol hace que la llanura vibre
Hay el instante en que las glicinias y los naranjos
comienzan a florecer
F. M. Mundender