Poeta de hoy en Buenos Aires, Argentina
Carina Paz
Pasajeros del polvo
Cuando la vida no es más que un vidrioso cielo,
un diamante impenetrable de locura
y los días golpean sobre los rostros con sus plumas de hielo
e invaden con su arrogancia los silencios.
Cuando de nada sirve la cautela para atravesar el laberinto
ni mudar los miedos a otras horas
pues ya no alcanza con someter el vuelo para establecer
[ otro comienzo.
En cada paso resurge entonces la mano que vuelve a trazar
[ la misma trayectoria
regresándonos al punto de partida donde todo vuelve
[ a ser noche,
oscura y apremiante lejanía.
Me pregunto si aún sabremos quiénes somos cuando ya
nadie nos reconozca,
si habremos acumulado suficiente soledad para esculpir
[ nuestros nombres
en los inconsistentes rostros de la niebla
o si acaso será preciso acorralar el eco de las últimas voces
para recordar cómo nombran las piedras a sus muertos.
Quizás alcance con sobrevivir a los cristales rotos,
esos pequeños fragmentos memoriosos
que todavía lloran al son de campanas herrumbradas en
[ una trampa del tiempo
y que alguien arroja de tanto en tanto ocultos bajo
[ relámpagos de fuego
sólo por vernos agonizar entre destellos y fulgores,
con la sádica ironía de no dejarnos morir del todo.
Quizás hagan falta testigos, pájaros blancos que
[ atestigüen por la perseverancia en este vuelo
una vez más, hasta tan lejos,
hasta la frontera de un sueño o los límites de un ala.
Sospecho que nunca será ella quien intente salvar nuestro
[ acantilado,
ese abismo interior, esa condena que se anuncia entre
[ jadeos cuando da a la luz la sentencia final
de sabernos apenas una sombra debajo de los pies.
Entonces sólo quedamos nosotros a solas con un espejo
[ roto y una pregunta sin formular.
Sin embargo alguien nos confirma que la vida nunca será
[más que eso:
una esfinge de agua inmóvil a la espera del fuego.